
En el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, Naciones Unidas dedica la jornada de 2026 a las parteras indígenas y reconoce su aporte a la salud y el bienestar de sus comunidades. En Guatemala, la experiencia de las comadronas —muchas de ellas mujeres de edades avanzadas— permite visibilizar el valor de los saberes, los vínculos y las prácticas de cuidado construidos y transmitidos a lo largo de generaciones.
Cada 9 de agosto se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. En 2026, la jornada está dedicada a las parteras indígenas bajo el lema “Honrar a las parteras indígenas: salvaguardar la vida y el bienestar”. Naciones Unidas destaca así una labor que trasciende la atención durante el embarazo y el parto: la partería indígena constituye una expresión de sistemas de conocimiento construidos y transmitidos entre generaciones, vinculados con el territorio, la cultura, la espiritualidad y las formas comunitarias de cuidado.
En Guatemala, las llamadas comadronas ocupan un lugar central en numerosas comunidades indígenas y rurales. Su presencia resulta especialmente relevante allí donde las distancias, las condiciones geográficas y las barreras culturales dificultan el acceso a los servicios de salud. Según UNICEF, aproximadamente el 29% de los partos del país son atendidos por comadronas, una proporción que supera el 50% en algunos municipios.
Pero detrás de esta función comunitaria también existe una historia de mujeres que han acumulado durante décadas conocimientos, experiencias y vínculos de confianza. La edad, en este contexto, puede ser mucho más que una característica demográfica: constituye una dimensión de la experiencia y del reconocimiento comunitario. Estudios realizados en distintas comunidades guatemaltecas muestran una presencia significativa de comadronas de edades medias y avanzadas, con trayectorias prolongadas en el acompañamiento de embarazos, partos y puerperios.
La propia forma en que algunas comadronas explican su tarea permite comprender esa dimensión. En un testimonio difundido en el marco de la Iniciativa Iberoamericana Ningún Bebé con Chagas, una de ellas señala que ser comadrona es un «don» y que las capacitaciones le han permitido incorporar nuevos conocimientos para acompañar mejor a las mujeres de su comunidad. La capacitación, en este sentido, no supone sustituir los saberes ancestrales construidos y transmitidos entre generaciones, sino fortalecerlos y articularlos con nuevas herramientas.
Esta articulación adquiere una expresión concreta en la prevención del Chagas congénito. En Guatemala, las comadronas participan en acciones destinadas a acercar información y facilitar que las mujeres embarazadas accedan a pruebas y servicios de salud. Su conocimiento del territorio y la confianza construida con las familias permiten alcanzar comunidades a las que los servicios sanitarios no siempre llegan de manera directa. La cooperación iberoamericana ha reconocido precisamente este potencial mediante el Proyecto Comadronas, impulsado por la Iniciativa Ningún Bebé con Chagas.
El desafío, por tanto, no consiste únicamente en incorporar a las comadronas a determinadas estrategias sanitarias, sino también en reconocer el valor de los conocimientos que portan. La experiencia acumulada durante años, el dominio de las lenguas y prácticas de sus comunidades y los vínculos de confianza que construyen constituyen recursos comunitarios que pueden complementar las respuestas de los sistemas formales de salud.
Esta perspectiva también permite poner en cuestión las formas de discriminación que históricamente han afectado a las mujeres indígenas y a quienes ejercen la partería tradicional. Naciones Unidas advierte que las parteras indígenas continúan enfrentando barreras estructurales, estigmatización y dificultades para que sus sistemas de conocimiento sean reconocidos dentro de los marcos formales.
Desde una perspectiva de derechos y de envejecimiento, reconocer a estas mujeres implica también superar miradas que asocian la edad exclusivamente con dependencia o pérdida de capacidades. Las comadronas mayores pueden ocupar posiciones de autoridad, participación y liderazgo, y continuar realizando contribuciones sustantivas al bienestar de sus comunidades. Su trayectoria expresa, además, una forma de participación social que se sostiene en el tiempo y que vincula experiencia personal, memoria colectiva y transmisión intergeneracional.
El reconocimiento de las parteras indígenas interpela, finalmente, a las políticas públicas y a los sistemas de cooperación: proteger sus derechos, garantizar condiciones adecuadas para el desarrollo de su tarea y promover el diálogo intercultural supone reconocer que el cuidado también se construye desde las comunidades. En el caso de las comadronas indígenas mayores, significa valorar no solo lo que hacen, sino también los saberes, experiencias y vínculos que han sostenido durante décadas y que pueden continuar siendo transmitidos a las nuevas generaciones.
Recurso: Video
Fuente: SEGIB
