
La Encuesta Nacional de Edadismo 2026 reunió respuestas de 3.920 personas de distintas regiones de Colombia y permitió identificar cómo la discriminación por edad se entrecruza con desigualdades educativas, económicas, territoriales y de género. Los primeros resultados, presentados en el Foro Nacional de Edadismo, ofrecen nuevas evidencias para comprender un fenómeno que atraviesa ámbitos como la salud, la tecnología, las relaciones familiares, el trabajo y las instituciones, y plantean desafíos para el diseño de políticas públicas.
La Academia Nacional de Medicina de Colombia y la Universidad de la Costa realizaron el 9 de octubre el Foro Nacional de Edadismo, una jornada de análisis e intercambio en la que se dieron a conocer los primeros resultados de la Encuesta Nacional de Edadismo 2026. La presentación estuvo a cargo de César Andrés Gómez Acosta, profesor e investigador de la Universidad de Pamplona, quien participó en el análisis del estudio junto con investigadores de la Universidad de la Costa. El trabajo buscó producir información situada sobre las formas que adopta el edadismo en Colombia y aportar evidencia para orientar futuras decisiones de política pública.
La encuesta, integrada por 45 preguntas y disponible entre abril y septiembre, alcanzó a 3.920 participantes de 18 años y más mediante una estrategia de muestreo de bola de nieve. El instrumento abordó dos dimensiones principales: las experiencias de discriminación por edad entre las personas de 60 años o más y las actitudes, emociones y comportamientos que pueden expresar predisposiciones edadistas en la población. Esta doble aproximación permite observar el edadismo no sólo desde quienes lo experimentan, sino también desde las prácticas y representaciones sociales que contribuyen a reproducirlo. El equipo investigador adelantó que el estudio continuará siendo analizado y sus resultados serán preparados para su difusión entre públicos académicos y generales.
Entre las personas mayores participantes, los resultados muestran diferencias relevantes según sus condiciones sociales. La experiencia de edadismo tendió a ser mayor entre quienes tenían menor nivel educativo y menores ingresos, mientras que fue menor entre quienes estudiaban o se encontraban trabajando. Las personas vinculadas a la informalidad laboral, las tareas de cuidados, el desempleo u otras situaciones ocupacionales registraron una mayor presencia de experiencias de discriminación por edad. Los datos también mostraron diferencias territoriales, con mayores niveles de edadismo reportados en Bogotá y la región Pacífica y perfiles particulares en otras zonas del país.
Las desigualdades adquieren características específicas cuando se observan los distintos ámbitos de la vida cotidiana. En los servicios de salud, el edadismo fue reportado con mayor frecuencia por mujeres mayores, personas con menor nivel educativo y menores ingresos, entre otros grupos, y una de sus expresiones fue la atribución de síntomas o malestares exclusivamente a la edad. También aparecieron barreras en el uso de tecnologías, en la participación de las personas mayores en decisiones familiares y en las interacciones con instituciones. En varios de estos indicadores, la región Amazonía-Orinoquía presentó una mayor concentración de experiencias adversas.
Sin embargo, el equipo investigador advirtió que los resultados no permiten afirmar que en Colombia exista un nivel generalizado o críticamente alto de edadismo. Sí identificaron tendencias superiores a los valores de referencia en determinados ámbitos, especialmente en los servicios, el acceso y uso de tecnologías y la valoración de las respuestas estatales dirigidas a las personas mayores. Asimismo, la percepción de discriminación tendió a aumentar con la edad. Estos hallazgos invitan a evitar generalizaciones y, al mismo tiempo, a reconocer dónde se concentran las barreras que requieren respuestas específicas.
El edadismo también se aprende y se reproduce
Otro resultado relevante surge de la relación entre experimentar y reproducir edadismo. El análisis encontró una asociación estadísticamente significativa —aunque de magnitud limitada— entre percibir mayores niveles de discriminación por edad y presentar más actitudes o comportamientos edadistas. El hallazgo abre una línea especialmente importante: los prejuicios pueden aprenderse, naturalizarse y reproducirse a lo largo del curso de vida, incluso por quienes han sido objeto de ellos. Entre las dimensiones analizadas, la reactividad emocional frente a otras edades y el edadismo en el ámbito laboral fueron las que superaron los puntos de referencia utilizados por el estudio.
Precisamente por eso, los investigadores subrayaron que variables como los ingresos, la educación, el territorio o la situación ocupacional no deben convertirse en nuevas etiquetas. La encuesta identifica tendencias y asociaciones, no relaciones causales. Su aporte reside en mostrar cómo distintos determinantes sociales pueden interactuar y favorecer o mitigar las expresiones del edadismo, abriendo nuevas preguntas de investigación y ofreciendo información para diseñar intervenciones más ajustadas a las realidades de cada territorio y grupo social.
Contar con evidencia de este tipo resulta especialmente significativo en sociedades que atraviesan una acelerada transformación demográfica. Combatir el edadismo requiere actuar sobre estereotipos y prácticas cotidianas, pero también sobre las condiciones que producen desigualdades a lo largo del curso de vida. Los primeros resultados presentados en Colombia refuerzan así la necesidad de articular políticas de inclusión laboral y educativa, acceso a tecnologías, servicios adecuados, cambio cultural y nuevas narrativas sobre las vejeces, desde un enfoque de derechos que reconozca la diversidad y favorezca relaciones intergeneracionales libres de discriminación.
Fuente: Foro Nacional de Edadismo
