El Marco Estratégico Estatal de las Soledades (2026-2030) presenta un enfoque de protección social que prioriza el bienestar relacional de la ciudadanía y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios en todo el territorio nacional.

Este valioso documento establece un enfoque común, transversal y basado en evidencia para prevenir las soledades, detectarlas tempranamente y construir comunidades conectadas y cuidadoras.

El Marco Estratégico Estatal de las Soledades (2026-2030) constituye la culminación de un proceso participativo que se extendió por varios meses y, tras su aprobación por el Consejo de Ministros durante el primer trimestre de 2026, se consolidó como la primera política de Estado diseñada de forma específica para abordar las soledades de manera coordinada entre el Gobierno central, las comunidades autónomas y las diversas entidades locales. El marco funciona como una guía que coordina esfuerzos, pero no impone obligaciones legales a las CCAA y Ayuntamientos que tienen sus propias estrategias.

La estrategia, impulsada por el Ministerio de Derechos Sociales, consumo y Agenda 2030, contempla un análisis profundo sobre el impacto del aislamiento derivado de la etapa post-pandemia, así como las proyecciones relativas al envejecimiento demográfico que España afrontará hacia finales de la presente década. Mediante esta articulación, el Estado asume la responsabilidad de mitigar las soledades a través de un enfoque de protección social que prioriza el bienestar relacional de la ciudadanía y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios en todo el territorio nacional.

España registra una población total de 49.077.984 habitantes y se posiciona como el país iberoamericano con la mayor esperanza de vida al nacer con un promedio de 83,80 años. Esta longevidad manifiesta una disparidad de género de 5,35 años: la expectativa de vida de las mujeres alcanza los 86,45 años frente a los 81,09 años de los hombres. En la actualidad, el segmento de personas mayores representa el 21,1% de la ciudadanía, y si bien las proyecciones demográficas para el año 2100 prevén una contracción del volumen poblacional hasta los 33.127.477 habitantes, este grupo experimentará un incremento sustancial que alcanzará el 42%. De igual modo, la prevalencia de personas con 80 años o más se duplicará, y pasará del 23% actual al 47% en 2100. En valores absolutos, España albergará hacia el cierre del siglo a 6.471.859 personas en el rango de los 80 años o más, de las cuales el 58% serán mujeres y el 42% hombres.

El diagnóstico analizado para la elaboración del Marco Estratégico Estatal de las Soledades (2026-2030) identificó el crecimiento intensivo y visible de la soledad especialmente tras la pandemia en un escenario de claro envejecimiento demográfico y un aumento de hogares unipersonales.

A modo de ejemplo, en 2024 el Barómetro del Observatorio Estatal de la Soledad no deseada detectó que el 20% de la población española sufría soledad no deseada y el 68% reconoció que alguien de su entorno puede estar atravesando esta situación. Asimismo, se identificaron los rangos etarios de mayor incidencia: de 18 a 24 años, afecta al 34,6% y a partir de los 75 años al 20% de las personas mayores. En estos datos se destacó que la edad acentúa las diferencias por género, mientras que las mujeres jóvenes y hombres reportan niveles similares, las mujeres mayores de 75 años presentan tasas significativamente más altas, lo cual refleja una brecha que se profundiza con el paso del tiempo.

Hablemos de soledades

Hablar de soledades (en plural) responde a un posicionamiento conceptual y técnico que busca reflejar la complejidad del fenómeno y reconocer explícitamente que no existe una única forma de sentirse solo.

La estrategia subraya que esta vivencia está atravesada por una perspectiva interseccional, donde múltiples factores, como el género, la edad, la discapacidad, el origen o la situación económica generan experiencias distintas. Al mismo tiempo, el marco identifica que las soledades pueden ser emocionales, relacionales, existenciales, situacionales y estructurales, o bien pueden ser producto de una combinación de ellas.

Si bien la soledad es una experiencia subjetiva no es un «problema individual» o un sentimiento privado. Asimismo, no toda soledad es negativa, pero cuando genera malestar o se cronifica, produce efectos significativos: deterioro de la salud física y mental, aumento del riesgo de enfermedades crónicas, pérdidas de vínculos y calidad de vida. Entre los principales factores de riesgo se identifican el envejecimiento, las transiciones vitales, la brecha digital, la discriminación, la vulnerabilidad económica, los cambios urbanos y la sobrecarga de cuidados. Desde esta concepción, reconocer las «soledades» permite diseñar políticas segmentadas y específicas en lugar de una respuesta única y homogénea que resultaría ineficaz para la heterogeneidad de la población.

HABLAR DE SOLEDADES (EN PLURAL) RESPONDE A UN POSICIONAMIENTO CONCEPTUAL Y TÉCNICO QUE BUSCA REFLEJAR LA COMPLEJIDAD DEL FENÓMENO Y RECONOCER EXPLÍCITAMENTE QUE NO EXISTE UNA ÚNICA FORMA DE SENTIRSE SOLO

Soledades: desafíos identificados
  • Comprender las soledades y transformar su narrativa pública.
  • Fortalecer los vínculos comunitarios y promover una cultura del cuidado.
  • Ofrecer apoyos relacionales a lo largo de la vida y en momentos de transición vital.
  • Innovar en las respuestas mediante tecnología, conocimiento aplicado e innovación social.
  • Transformar políticas y gobernanza para dar una respuesta coordinada y sostenida en el tiempo.
La construcción colectiva de la estrategia

El Marco fue elaborado mediante un proceso amplio y riguroso en el que participaron once ministerios, CCAA y Ayuntamientos, 64 entidades locales, organizaciones del Tercer Sector, profesionales de servicios públicos, personas con experiencia propia de soledad no deseada y un Consejo Asesor plural de 33 miembros. El trabajo sinérgico combinó análisis comparado, revisión documental, talleres deliberativos, encuentros presenciales y virtuales que permitieron garantizar legitimidad política y social del documento.

Como resultado, y en línea con las recomendaciones de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud y los compromisos de la Agenda 2030, España hoy cuenta con un Marco Estratégico Estatal de las Soledades (2026‑2030) que establece un enfoque común, transversal y basado en evidencia para prevenir las soledades, detectarlas tempranamente y construir comunidades conectadas y cuidadoras. Con este importante documento el Imserso avanza brindando una respuesta pública decidida, sostenida y coherente, capaz de integrar la dimensión relacional en todas las políticas en la lucha contra las soledades no deseadas.

UN MARCO ESTRATÉGICO ESTATAL DE LAS SOLEDADES (2026-2030) QUE ESTABLECE UN ENFOQUE COMÚN, TRANSVERSAL Y BASADO EN EVIDENCIA PARA PREVENIR LAS SOLEDADES, DETECTARLAS TEMPRANAMENTE Y CONSTRUIR COMUNIDADES CONECTADAS Y CUIDADORAS

El Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada es una iniciativa de Fundación ONCE de titularidad privada sin ánimo de lucro.
Decálogo de características de las políticas públicas de soledad

Junto con el Marco Estratégico Estatal de las Soledades (2026-2030), España dispone del Decálogo de características de las políticas públicas de soledad. Este documento fue formulado en junio de 2025 por el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada -una iniciativa de Fundación ONCE de titularidad privada sin ánimo de lucro- en cuyo Grupo de Trabajo participa activamente el Imserso a través de reuniones y propuestas técnicas.

El Decálogo funciona como una hoja de ruta fundamental para que las Administraciones Públicas superen la fragmentación operativa, garantizando que el abordaje de la soledad sea transversal y no quede limitado a un área administrativa específica.

De este modo, la variable de la soledad se incorpora de forma transversal en sectores como el urbanismo, la salud, la educación y la economía, bajo un modelo de gestión donde la colaboración con el sector privado y la sociedad civil constituye la norma fundamental de trabajo.

En el plano metodológico, el decálogo profesionaliza la intervención social mediante el diseño de programas que se sustentan en evidencias científicas y datos empíricos. Esta estructura institucionaliza la innovación y la evaluación constante, lo cual permite el ajuste preciso de las políticas según los resultados obtenidos en cada territorio.

Asimismo, el Decálogo funciona como un garante de equidad al exigir la adaptación de las acciones a variables de género, edad, discapacidad y nivel socioeconómico. El objetivo final de este instrumento es la eliminación del estigma social asociado a la soledad para consolidarla como una prioridad de salud pública y de derechos ciudadanos que fortalezca el tejido comunitario a largo plazo.

10 Recomendaciones para diseñar políticas públicas de soledad no deseada

1. Incluir la perspectiva de la soledad en acciones y programas, aprovechando las infraestructuras y servicios sociales, culturales, deportivos, educativos y de salud, ajustando programas y recursos para reducir el aislamiento y promoverla conexión social, e identificando servicios que contribuyen a reducir la soledad.

2. Adoptar un enfoque transversal, mejorando el impacto de las políticas mediante la colaboración entre áreas de gobierno, y planificando espacios públicos accesibles que promuevan la interacción social.

3. Desarrollar acciones a nivel individual y comunitario con apoyo psicosocial, acompañamiento y formación en habilidades sociales, creando redes vecinalesy revitalizando espacios públicos para fomentar la conexión social.

4. Fomentar el enfoque comunitario, diseñando iniciativas inclusivas que eliminen barreras y fomenten la participación comunitaria, y facilitando la creación de nuevas relaciones y promoviendo el intercambio intergeneracional.

5. Experimentar e innovar, probando soluciones innovadoras y monitoreando y evaluando los resultados para ajustarlas, mejorarlas y escalarlas.

6. Trabajar de manera colaborativa con todos los actores, involucrando a entidades sociales, empresas, sociedad civil y ciudadanía en la lucha contra la soledad, y facilitando la creación de redes de apoyo y voluntariado.

7. Capacitar y sensibilizar a toda la sociedad, desde profesionales hasta la sociedad en general, para desestigmatizar la soledad y promover una cultura de creación de vínculos y apoyo mutuo.

Ilustración: Rocío Lana

Nota publicada en el Boletín 35 «La soledad: estrategias nacionales para su abordaje» del PICSPAM.