Inauguración MEDICASA Horqueta: A finales de 2025, el programa expandió su cobertura con la habilitación de su segundo servicio domiciliario en el departamento de Concepción, buscando mitigar el aislamiento estructural en las zonas rurales del norte del país.  | Fuente: Instituto de Previsión Social (IPS)

En el marco de la 35° edición del Boletín del PICSPAM, Paraguay presenta una aproximación situada a esta problemática en un contexto de envejecimiento moderado pero dinámico. A partir de acciones desarrolladas desde la seguridad social, la salud y la protección social, el país configura respuestas en desarrollo que, atravesadas por desigualdades territoriales y transformaciones sociales, abren una oportunidad estratégica para anticipar un fenómeno que comienza a adquirir mayor relevancia en la agenda pública.

La soledad en la vejez ha dejado de ser interpretada exclusivamente como una vivencia individual para consolidarse como un problema público con implicancias sociales, sanitarias y políticas. En esta edición del Boletín 35, el eje temático propone desplazar la mirada hacia las estrategias que los países comienzan a desplegar para su abordaje, reconociendo tanto los avances como las limitaciones que atraviesan estos procesos.

En Paraguay, esta discusión se inscribe en una transición demográfica que exige ser leída con mayor precisión. El país se ubica dentro de lo que los criterios internacionales definen como envejecimiento de ritmo moderado, con una tasa global de fecundidad que oscila entre 1,9 y 2,4 hijos por mujer y un índice de envejecimiento cercano a 33,6 personas mayores cada 100 menores de 15 años. A su vez, los datos más recientes de la Encuesta Permanente de Hogares Continua indican que las personas de 60 años y más representan alrededor del 13% de la población total, superando estimaciones previas y confirmando una aceleración del proceso.

Este escenario configura una tensión productiva. Por un lado, Paraguay aún no enfrenta los niveles de envejecimiento observados en otros países de la región. Por otro, las condiciones sociales, económicas y territoriales existentes ya generan situaciones de aislamiento que permiten anticipar los desafíos que se profundizarán en los próximos años.

LAS CONDICIONES SOCIALES, ECONÓMICAS Y TERRITORIALES EXISTENTES YA GENERAN SITUACIONES DE AISLAMIENTO QUE PERMITEN ANTICIPAR LOS DESAFÍOS QUE SE PROFUNDIZARÁN EN LOS PRÓXIMOS AÑOS

El Estudio regional sobre soledad en la vejez, desarrollado en el marco del PICSPAM, aporta elementos clave para comprender esta dinámica. El informe identifica que la soledad no deseada se vincula estrechamente con factores como el nivel de ingresos, la disponibilidad y calidad de las redes de apoyo, las características del entorno y las oportunidades de participación social. Asimismo, advierte que sus efectos impactan tanto en la salud física como en la salud mental, incrementando riesgos y debilitando la autonomía en la vida cotidiana.

En Paraguay, estos factores no se distribuyen de manera homogénea, sino que se expresan con particular intensidad en determinados territorios y grupos sociales, lo que obliga a un abordaje situado.

La soledad como expresión de brechas estructurales

La soledad en la vejez en Paraguay no puede analizarse sin considerar las profundas desigualdades territoriales que estructuran las condiciones de vida de la población. Las diferencias entre áreas urbanas y rurales, así como entre departamentos, configuran escenarios muy distintos en términos de acceso a servicios, redes de apoyo y oportunidades de participación.

Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 12,2% de las personas mayores se encuentra en situación de pobreza, pero esta cifra adquiere otra dimensión cuando se desagrega territorialmente: en áreas rurales asciende al 19,5%, mientras que en zonas urbanas se ubica en torno al 9,3%. Departamentos como Concepción, Caaguazú y San Pedro presentan niveles aún más elevados, configurando contextos donde la vulnerabilidad económica se combina con limitaciones en el acceso a servicios y con una menor densidad de redes institucionales.

En estos territorios, la soledad no se manifiesta únicamente como una experiencia subjetiva, sino como una condición estructural. La dispersión geográfica, las dificultades de conectividad, la escasa presencia de dispositivos de cuidado y la limitada oferta de espacios de encuentro inciden directamente en las posibilidades de sostener vínculos cotidianos.

EN ESTOS TERRITORIOS, LA SOLEDAD NO SE MANIFIESTA ÚNICAMENTE COMO UNA EXPERIENCIA SUBJETIVA, SINO COMO UNA CONDICIÓN ESTRUCTURAL

A este escenario se suma el impacto de los procesos migratorios. La salida de población joven hacia centros urbanos o hacia el exterior ha reconfigurado los arreglos familiares, incrementando la presencia de hogares con personas mayores solas o con redes de apoyo debilitadas. En muchos casos, la soledad se vincula con estas transformaciones, que reducen la disponibilidad de cuidados informales y alteran los vínculos intergeneracionales.

El dato de que más del 12% de las personas mayores vive sola introduce un elemento de especial atención. Si bien la vida independiente puede ser una expresión de autonomía, en contextos de pobreza o fragilidad de redes se transforma en un factor de riesgo. La combinación entre ingresos insuficientes, problemas de salud y ausencia de apoyos cercanos configura situaciones de vulnerabilidad que muchas veces permanecen invisibilizadas.

A su vez, las trayectorias educativas de una parte significativa de la población mayor limitan el acceso a herramientas digitales, profundizando una brecha que adquiere creciente relevancia en la construcción de vínculos. La conectividad no solo habilita acceso a información, sino que se ha convertido en un medio central para sostener relaciones sociales, especialmente en contextos de dispersión territorial o movilidad reducida.

El Estudio del PICSPAM advierte que estas dimensiones —ingresos, redes, entorno y participación— se encuentran fuertemente interrelacionadas en la configuración de la soledad. En Paraguay, su convergencia en determinados territorios produce escenarios donde el aislamiento no es un evento excepcional, sino una condición latente.

Los espacios grupales y de interacción social, en el marco del Programa “Vida Saludable y Feliz”, resultan clave no solo para el bienestar subjetivo, sino para fortalecer y reconstruir redes de apoyo entre pares.  | Fuente: Secretaría Nacional de Deportes (SND)
Respuestas institucionales

Frente a este panorama, Paraguay cuenta con un conjunto de políticas y programas que, aunque no abordan la soledad de manera explícita, inciden en sus determinantes y ofrecen puntos de apoyo para su abordaje.

Desde la seguridad social, el Instituto de Previsión Social (IPS) desarrolla el programa de atención domiciliaria MEDICASA, orientado a personas con limitaciones funcionales. Este dispositivo, que articula equipos interdisciplinarios, garantiza el acceso a servicios de salud en el hogar, pero su impacto excede la dimensión asistencial.

La continuidad de las visitas, el seguimiento personalizado y la interacción con los equipos generan instancias de contacto que adquieren un valor central en la vida cotidiana de las personas mayores. En contextos donde los vínculos se encuentran debilitados, estas intervenciones pueden constituirse en uno de los pocos espacios de relación sostenida, aportando no solo atención sanitaria, sino también contención y acompañamiento.

En este sentido, el dispositivo también habilita una función menos visible pero estratégica: la detección temprana de situaciones de aislamiento y fragilidad relacional. A partir del contacto sostenido en el territorio, los equipos pueden identificar cambios en las dinámicas familiares, signos de retraimiento o debilitamiento de redes de apoyo, lo que permite activar respuestas antes de que estas situaciones deriven en crisis de cuidado. Este componente preventivo, aún no sistematizado como línea específica de intervención, refuerza el potencial de programas como MEDICASA para integrarse en una estrategia más amplia de abordaje de la soledad en la vejez.

En esa dirección, el valor de este tipo de dispositivos radica en su capacidad de intervenir sobre la dimensión relacional del bienestar. La evidencia recogida en el Estudio regional citado destaca que la proximidad territorial y la continuidad del vínculo son factores clave en la prevención de la soledad no deseada.

En una escala complementaria al abordaje domiciliario, orientada a la prevención y al fortalecimiento de los vínculos sociales, el Instituto de Previsión Social impulsa el Club “Vida Plena”, una propuesta que promueve la participación activa de personas mayores a través de actividades grupales, recreativas y de estimulación cognitiva. En articulación con otras iniciativas públicas, como el programa “Vida saludable y feliz” de la Secretaría Nacional de Deportes, estas experiencias amplían las oportunidades de encuentro y socialización, incorporando la actividad física como un componente relevante para el bienestar integral. En conjunto, configuran espacios que, más allá de su heterogeneidad territorial, contribuyen a sostener rutinas de interacción y a evitar el retraimiento social.

En este punto, los aportes del Estudio regional del PICSPAM permiten profundizar la lectura sobre este tipo de intervenciones. La participación en espacios grupales no solo impacta en el bienestar subjetivo, sino que resulta clave para reconstruir redes de apoyo y fortalecer el sentido de pertenencia. En el caso paraguayo, la experta Teodora Ferreira señala que la eficacia de estas estrategias radica en su capacidad para generar vínculos significativos y afectos positivos, evitando que las propuestas se limiten a la ocupación del tiempo. Desde esta perspectiva, el fortalecimiento de redes entre pares adquiere un valor central, no solo para prevenir la soledad, sino también para disputar representaciones negativas sobre la vejez que contribuyen al autoaislamiento.

En paralelo, las políticas de protección social no contributiva cumplen un rol central. La pensión alimentaria para personas mayores en situación de pobreza ha ampliado la cobertura de ingresos básicos, permitiendo reducir niveles de indigencia y mejorar condiciones de vida. No obstante, la suficiencia de estos ingresos continúa siendo un desafío, especialmente en contextos donde los costos de vida y las necesidades de cuidado son elevados.

La relación entre ingresos y soledad resulta directa. La falta de recursos limita la movilidad, restringe el acceso a espacios de socialización y reduce la posibilidad de sostener vínculos. A la inversa, contar con un ingreso estable amplía las oportunidades de participación y autonomía.

El sistema de salud pública, por su parte, constituye otro componente clave. Su despliegue territorial permite acercar servicios a la población, pero enfrenta desafíos en términos de cobertura efectiva, especialmente en zonas rurales. La capacidad de identificar y acompañar situaciones de aislamiento depende, en gran medida, de la articulación entre niveles de atención y de la disponibilidad de recursos humanos en el territorio.

En conjunto, estas políticas configuran una arquitectura institucional que interviene sobre distintos determinantes de la soledad, aunque de manera fragmentada. La ausencia de una estrategia específica limita la posibilidad de articular estas acciones bajo un enfoque común que reconozca la dimensión relacional como parte integral del bienestar, con alcances aún desiguales según el territorio y desafíos pendientes en términos de cobertura efectiva y articulación. Frente a este fenómeno, se plantea la necesidad de avanzar hacia una agenda más integrada de política pública, orientada a consolidar respuestas sostenidas para su abordaje.

EN CONJUNTO, ESTAS POLÍTICAS CONFIGURAN UNA ARQUITECTURA INSTITUCIONAL QUE INTERVIENE SOBRE DISTINTOS DETERMINANTES DE LA SOLEDAD, AUNQUE DE MANERA FRAGMENTADA

La adhesión del país a la Convención Interamericana plantea el desafío de traducir sus principios en políticas públicas concretas, bajo un enfoque que desplaza la soledad de la esfera individual para consolidarla como un problema de protección social.  | Fuente: Organización de los Estados Americanos (OEA)
Hacia una agenda de política pública en construcción

El análisis del caso paraguayo permite identificar una etapa de construcción de agenda en torno a la soledad en la vejez. La existencia de evidencia, la visibilización progresiva del problema y la presencia de experiencias institucionales constituyen una base sobre la cual avanzar.

Al mismo tiempo, los cambios en las estructuras familiares, el envejecimiento sostenido de la población y las desigualdades territoriales plantean la necesidad de desarrollar respuestas más integrales. La reciente aprobación del Plan de Acción de la Política Nacional de Cuidados 2025-2030 introduce un marco relevante, aunque su implementación efectiva en el territorio será determinante para evaluar su impacto. En paralelo, el debate legislativo en torno a la creación de un Sistema Nacional de Cuidados evidencia que se trata de un proceso aún en construcción, atravesado por instancias de revisión, negociación y búsqueda de consensos, lo que refuerza el carácter incipiente —aunque estratégico— de esta agenda en el país.

Entre los principales desafíos se encuentra la necesidad de fortalecer los sistemas de información para identificar situaciones de soledad, desarrollar indicadores específicos y mejorar los mecanismos de detección temprana en el territorio. Asimismo, avanzar en la articulación intersectorial —integrando salud, protección social, hábitat y desarrollo comunitario— aparece como una condición necesaria para consolidar respuestas más integrales, en un escenario donde las capacidades institucionales aún se encuentran en desarrollo.

En este escenario, el marco normativo nacional establece referencias claras en materia de derechos de las personas mayores. El artículo 57 de la Constitución de la República del Paraguay asigna al Estado, la sociedad y la familia la responsabilidad de garantizar su bienestar, integración social y participación, lo que habilita interpretar la soledad no deseada como una posible vulneración de derechos. Desde esta perspectiva, el aislamiento no se reduce a una situación individual, sino que interpela a los sistemas de protección en su conjunto, en tanto expresión de desigualdades y debilidades en las redes de cuidado y apoyo.

Este encuadre se ve reforzado por la adhesión de Paraguay a la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, que consolida un horizonte regional de obligaciones orientadas a garantizar condiciones de vida digna, autonomía y no discriminación. La incorporación de este instrumento no solo amplía el marco jurídico, sino que también plantea el desafío de traducir estos principios en políticas concretas y sostenidas en el tiempo.

En este sentido, la soledad no deseada puede ser leída como una expresión de vulneración de derechos cuando se asocia a situaciones de abandono, exclusión o falta de apoyos. Incorporarla en la agenda pública implica reconocer su complejidad y avanzar en políticas que no solo atiendan necesidades básicas, sino que promuevan la participación, los vínculos y la integración social.

En un contexto de envejecimiento moderado pero dinámico, Paraguay cuenta con una oportunidad significativa: la posibilidad de anticipar el problema antes de su consolidación. Aprovechar esta ventana requiere fortalecer las capacidades institucionales, profundizar la presencia territorial del Estado y consolidar estrategias que reconozcan a las personas mayores como sujetos de derechos y actores activos en la vida social. La construcción de respuestas frente a este fenómeno no se agota en la creación de nuevos programas, sino que implica reorientar las políticas existentes, incorporando la dimensión relacional como un componente central del bienestar. En ese camino, la articulación entre niveles de gobierno, sectores y actores sociales será clave para avanzar hacia sociedades más inclusivas, capaces de sostener vínculos y garantizar que el proceso de envejecimiento se desarrolle en condiciones de dignidad, participación y cuidado.

Nota publicada en el Boletín 35 «La soledad: estrategias nacionales para su abordaje» del PICSPAM.