
Cada 29 de octubre, el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo pone en primer plano una dimensión indispensable para la sostenibilidad de las sociedades y las economías. En 2026, Naciones Unidas propone vincular esta agenda con el trabajo decente y la construcción de sistemas de cuidados y apoyo sostenibles. La conmemoración encuentra, además, un eco cercano en el Encuentro Iberoamericano realizado ayer por el PICSPAM, donde referentes de los países miembros abordaron los cuidados como parte de los desafíos que plantean el trabajo, la protección social y las vidas más largas.
La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 29 de octubre como Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo mediante la resolución A/RES/77/317, aprobada el 24 de julio de 2023. La decisión reconoce la importancia de invertir en la economía del cuidado y avanzar hacia sistemas sólidos, resilientes, inclusivos, sensibles a la edad y la discapacidad y respetuosos de los derechos humanos.
En 2026, la conmemoración se desarrolla bajo el lema «Construir sistemas sostenibles de cuidados y apoyo mediante el trabajo decente», con especial atención a las condiciones de quienes trabajan en el sector: derechos laborales, protección social, seguridad y salud, formación, salarios y representación. La propuesta profundiza una idea central de la efeméride: garantizar cuidados de calidad exige también garantizar condiciones de trabajo dignas para quienes los brindan.
La dimensión de género continúa siendo determinante. Las mujeres realizan el 76,2 % del trabajo de cuidados no remunerado en el mundo y dedican a estas tareas 3,2 veces más tiempo que los hombres. Al mismo tiempo, se estima que para 2030 unas 2.300 millones de personas requerirán cuidados, en un escenario atravesado también por el aumento de la población mayor.
Del trabajo decente a los cuidados: una conversación iberoamericana
La relación entre trabajo, cuidados y apoyos atravesó también el Encuentro Iberoamericano «Trabajo decente para vidas más largas: desafíos para Iberoamérica», realizado el 28 de octubre por el PICSPAM. Aunque la convocatoria partió del trabajo de las personas mayores, el cambio demográfico y la Economía Plateada, el intercambio permitió observar hasta qué punto estas dimensiones se entrelazan cuando se analizan desde una perspectiva de derechos.
Desde Uruguay, Marianela Larzábal, directora nacional de Inmayores, que ejerce la actual Presidencia Pro Tempore del PICSPAM, propuso reconocer tanto el desarrollo laboral deseado como las contribuciones no monetarias de las personas mayores, entre ellas «la transmisión de saberes, el liderazgo comunitario y la economía del cuidado». También remarcó que la continuidad laboral debe poder ejercerse como una opción libre, con protección social, y no como consecuencia de la precariedad o de ingresos insuficientes.
Ese vínculo entre cuidados y condiciones laborales apareció de manera especialmente concreta en Brasil. Alexandre da Silva, secretario nacional de los Derechos de la Persona Mayor de la SNDPI/MDHC, presentó, entre otras iniciativas, «Vida Digna em Casa», orientada a cualificar y fortalecer el trabajo de profesionales de la salud y la asistencia social que brindan cuidados a personas mayores. Al abordar los desafíos pendientes, señaló también la necesidad de generar oportunidades vinculadas con «trabajo digno, economía solidaria y preservación de saberes tradicionales», junto con respuestas intersectoriales frente al edadismo.
Desde España, Mayte Sancho Castiello, directora general del Imserso, llevó la conversación hacia el trabajo de cuidados no remunerado y familiar. «Creo que no debe estar al margen», afirmó al referirse a una actividad que, aunque no forme parte del empleo remunerado, presenta situaciones de precariedad, una elevada carga emocional y una participación especialmente significativa de las mujeres mayores. Su intervención puso sobre la mesa la necesidad de considerar esas trayectorias cuando se debate sobre trabajo, envejecimiento y vidas más largas.
En México, Juan Gerardo López Hernández, director de Prestaciones Económicas, Sociales y Culturales del ISSSTE, presentó la experiencia de las Casas de Día y destacó el desarrollo de una atención basada en derechos, planes individualizados y fortalecimiento de redes. Entre las disposiciones recientes señaló la posibilidad de incorporar a familiares y personas del entorno en actividades destinadas a «fortalecer las redes de apoyo» de quienes concurren a estos espacios, en un contexto en el que las transformaciones familiares plantean nuevas responsabilidades para las instituciones públicas.
Por República Dominicana, Demetrio Vicente, director ejecutivo del CONAPE, planteó que «la posibilidad de trabajar depende de cómo se atienden las necesidades de apoyo» dentro de los hogares y vinculó los servicios domiciliarios y comunitarios con las condiciones de quienes cuidan. Al referirse a la experiencia dominicana señaló además que «la calidad de atención requiere también condiciones laborales dignas» para las personas que la brindan, y propuso integrar los cuidados en la agenda de trabajo decente.
La exposición central de Sandra Huenchuan Navarro, de la Unidad de Desarrollo Social de la sede subregional de la CEPAL en México, amplió estas experiencias al situarlas en sociedades que no solo envejecen, sino que experimentan vidas cada vez más largas. Su presentación puso el foco en la calidad de esos años adicionales y en las desigualdades que atraviesan la longevidad, relacionadas con la salud, la protección social, las familias, las comunidades y también con las trayectorias de cuidado.
En ese escenario, la experta de la CEPAL dejó planteadas dos preguntas que dialogan directamente con la conmemoración de este 29 de octubre: «¿Quién va a cuidar?» y «¿Cómo tenemos que organizar la sociedad precisamente para responder a estos desafíos demográficos?». Las intervenciones del encuentro no ofrecieron una respuesta única, pero sí distintas piezas de una misma conversación: reconocimiento del trabajo no remunerado, mejores condiciones para quienes cuidan, servicios y redes de apoyo, protección social y capacidad de decidir cómo participar a lo largo de vidas cada vez más extensas.
El Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo ofrece así una oportunidad para reafirmar que los cuidados no constituyen una cuestión periférica ni exclusivamente familiar. Son parte de la protección social, de la igualdad de género, de las condiciones de trabajo y del ejercicio de derechos. En sociedades con vidas más largas, construir sistemas sostenibles supone reconocer simultáneamente el derecho a recibir cuidados y apoyos de calidad, el derecho de las personas a decidir sobre sus proyectos de vida y los derechos de quienes cuidan.
