
Para esta nueva edición del Boletín del PICSPAM, la República Dominicana presenta los avances del Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (CONAPE) en la mitigación de la soledad no deseada en la vejez. A través de la integración de la “Escala de Soledad Social” (ESTE II) en el “Expediente de Desarrollo Integral del Adulto Mayor” (EDIAM) y el fortalecimiento de los hogares de día, el país transita hacia una política pública basada en evidencia, centrada en la autonomía y el envejecimiento activo.
La soledad en las personas adultas mayores constituye un fenómeno complejo y multidimensional que trasciende la mera ausencia de compañía. Se trata de una experiencia subjetiva dolorosa que impacta de manera directa en la salud física, emocional y social de las personas, convirtiéndose en un factor de riesgo para la fragilidad y la dependencia. En la República Dominicana, este desafío ha sido asumido como una prioridad de Estado por el Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (CONAPE), en este caso, a través de su Dirección de Desarrollo Integral y Protección al Adulto Mayor. De esta manera, el país presenta una estrategia que combina la medición sistemática con intervenciones territoriales efectivas, consolidando un modelo de gestión que busca no solo asistir, sino transformar la realidad relacional de su población mayor a través de un enfoque integral de cuidados.
El contexto demográfico dominicano añade una capa prioritaria a esta tarea. Según la Oficina Nacional de Estadística (ONE), el país atraviesa una transición demográfica acelerada: las personas de 60 años y más representan el 13,2% de la población y el índice de envejecimiento alcanza ya las 48,1 personas mayores por cada 100 menores de 15 años. Esta tendencia se caracteriza además por una marcada feminización de la vejez. La longevidad femenina —cuya esperanza de vida supera el promedio nacional de 73,8 años— combinada con las brechas históricas en el acceso a pensiones y seguridad social, reconfigura con urgencia las necesidades de cuidado y apoyo estatal.
En este contexto, un dato adquiere especial relevancia: el 15,5% de las personas mayores vive sola, con una particularidad en el país, ya que la proporción de varones en esta situación supera a la de las mujeres. Este fenómeno, junto con el aumento de hogares unipersonales registrado por la Encuesta ENHOGAR 2025, introduce matices específicos en la configuración de la soledad y refuerza la necesidad de políticas públicas que fortalezcan las redes de apoyo y el derecho al cuidado
La medición como base de la intervención
Una de las principales contribuciones de la República Dominicana a las buenas prácticas regionales es la incorporación de la medición de la soledad dentro del Expediente de Desarrollo Integral del Adulto Mayor (EDIAM). Esta herramienta no es solo un registro administrativo, sino un sistema de gestión que permite un seguimiento longitudinal de la situación de cada persona usuaria del servicio. Como parte de esta innovación, el CONAPE ha integrado la Escala de Soledad Social ESTE II, un instrumento validado internacionalmente que permite cuantificar la percepción de insatisfacción respecto a la red social disponible y la integración efectiva en la comunidad.
ESTA HERRAMIENTA […] ES UN SISTEMA DE GESTIÓN QUE PERMITE UN SEGUIMIENTO LONGITUDINAL DE LA SITUACIÓN DE CADA PERSONA USUARIA DEL SERVICIO
Diana Mejía, Directora de Desarrollo Integral del Consejo, destaca la aplicación sistemática de esta escala —compuesta por 15 ítems y encargada de evaluar dimensiones como la percepción de apoyo social, el uso de tecnologías y la participación comunitaria—,ha lo cual ha permitido al CONAPE generar una base de datos que introduce un cambio significativo en la gestión institucional, al incorporar la medición sistemática de la soledad como insumo para la toma de decisiones. Hasta marzo de 2026, se habían realizado 6,103 evaluaciones, cuyos resultados ofrecen una radiografía precisa del fenómeno en el país. Los datos revelan que el 51.93% de las personas evaluadas presenta un nivel bajo de soledad, mientras que un preocupante 43.18% se sitúa en un nivel medio y un 4.90% en un nivel alto. Esta evidencia permite a la institución abandonar las intervenciones generalistas para diseñar respuestas diferenciadas y focalizadas en los grupos de mayor riesgo, transitando de la intuición a la gestión basada en datos.
Si bien la incorporación de esta herramienta representa un avance significativo en la gestión pública, su consolidación plantea desafíos relevantes. Entre ellos, la necesidad de garantizar la aplicación sistemática en todo el territorio, fortalecer las capacidades técnicas para su implementación y asegurar que la información relevada se traduzca efectivamente en decisiones programáticas sostenidas en el tiempo.
A partir de estos resultados, el análisis, bajo la lupa de expertas locales como Berenice Pérez Salvador, especialista en geriatría y colaboradora del estudio regional sobre soledad en la vejez del PICSPAM, permite identificar patrones críticos que no solo describen el fenómeno, sino que plantean desafíos concretos para el diseño de políticas públicas. En este sentido, estos hallazgos refuerzan la necesidad de intervenciones diferenciadas que contemplen las trayectorias de vida, las desigualdades de género y la celeridad del proceso de envejecimiento.
Los datos del CONAPE confirman que la soledad no es un fenómeno homogéneo. Se observa, por ejemplo, una marcada brecha de género: las mujeres presentan niveles de soledad social superiores a los varones. Este fenómeno se vincula, según lo informado por el organismo, con una mayor esperanza de vida que deriva en periodos más largos de viudez, la pérdida de redes familiares tradicionales debido a la migración de los hijos/as y cambios en los roles sociales que a menudo invisibilizan a la mujer mayor. Asimismo, la edad avanzada actúa como un factor agravante: las personas de 80 años o más en el país reportan los niveles más altos de aislamiento, condicionados por la fragilidad física, la reducción de la movilidad y la disminución natural de las interacciones sociales fuera del hogar, lo que exige un refuerzo de los servicios de proximidad.

El impacto de los hogares de día como estrategia territorial
Frente a este diagnóstico, la República Dominicana ha fortalecido los Hogares de Día como la piedra angular de su estrategia de intervención comunitaria. Estos centros no son meros espacios de estancia, sino nodos de integración social donde se promueve el envejecimiento activo y saludable. Los resultados de la medición del EDIAM evidencian que las personas que asisten regularmente a los hogares de día presentan niveles de soledad significativamente menores que aquellas que no cuentan con este servicio. Esto demuestra que el hogar de día funciona como un mecanismo de compensación efectivo ante el aislamiento, proporcionando no solo atención integral (salud, alimentación y recreación), sino, fundamentalmente, un espacio de revinculación afectiva.
EL HOGAR DE DÍA FUNCIONA COMO UN MECANISMO DE COMPENSACIÓN EFECTIVO ANTE EL AISLAMIENTO, […] UN ESPACIO DE REVINCULACIÓN AFECTIVA.
La intervención en estos centros se basa en tres pilares: la socialización diaria, el fortalecimiento de las redes de apoyo y la promoción de la autonomía. A través de talleres culturales, actividades recreativas y espacios de encuentro, el CONAPE fomenta la reconstrucción del tejido social de la persona mayor. Estas actividades se convierten en herramientas terapéuticas que mejoran la autoestima y reducen la sintomatología depresiva asociada a la soledad. Además, el enfoque de envejecimiento activo asegura que las personas mayores sigan siendo protagonistas de su comunidad, evitando que la jubilación o la pérdida de roles laborales se traduzca en una “muerte social”. El éxito de estos centros radica en su capacidad para transformar la “medición” en una “intervención” que devuelve el sentido de pertenencia.
No obstante, el alcance de esta estrategia se encuentra condicionado por su cobertura territorial y capacidad operativa. La ampliación de los hogares de día y su sostenibilidad en el tiempo aparecen como desafíos clave para garantizar que estos espacios no solo funcionen como experiencias focalizadas, sino como parte de una red de cuidados con llegada efectiva a toda la población mayor.
En este marco, y como parte de la ampliación de estrategias para abordar el aislamiento, un componente innovador en la medición de la escala ESTE II es el uso de las tecnologías de la información y comunicación (TIC). El CONAPE ha identificado que la brecha digital es una de las nuevas formas de exclusión social en la vejez. Por ello, las recomendaciones institucionales para 2026 incluyen el fortalecimiento de programas de alfabetización digital. Al capacitar a las personas mayores en el uso de herramientas de comunicación, incorporan recursos para mantener el contacto con familiares distantes y acceder a información y servicios, mitigando así la soledad mediada por la distancia geográfica. Esta dimensión tecnológica es hoy una parte inseparable de la intervención integral contra el aislamiento.

Hacia un Sistema Nacional de Cuidados
El abordaje de la soledad en la República Dominicana se inscribe en un proceso de transformación legislativa y política de gran calado que busca dar respuesta a la creciente demanda de cuidados. En abril de 2026, el Senado de la República aprobó en primera lectura el proyecto de ley que crea el Sistema Nacional de Cuidados. Este avance normativo es fundamental, ya que reconoce el cuidado como un derecho y una responsabilidad compartida entre el Estado, la sociedad y las familias. Para el CONAPE, este sistema representa la oportunidad de escalar sus buenas prácticas y garantizar una cobertura universal que llegue a los rincones más remotos del país, donde la soledad rural presenta desafíos adicionales de dispersión y falta de servicios.
La política de cuidados para 2026 pone el foco en la atención integral y la desinstitucionalización. El objetivo es que la persona mayor pueda permanecer en su entorno familiar y comunitario el mayor tiempo posible, contando con los apoyos necesarios para evitar el aislamiento. Esto implica no solo ampliar la red de hogares de día, sino también fortalecer los servicios de atención domiciliaria y los programas de apoyo a las familias cuidadoras. La soledad, en este marco, se entiende como un indicador de la calidad del sistema de cuidados: a menor soledad, mayor efectividad de las redes de protección social. El tránsito de la medición a la intervención integral encuentra en este nuevo marco legal su sustento más sólido.
LA SOLEDAD, EN ESTE MARCO, SE ENTIENDE COMO UN INDICADOR DE LA CALIDAD DEL SISTEMA DE CUIDADOS: A MENOR SOLEDAD, MAYOR EFECTIVIDAD DE LAS REDES DE PROTECCIÓN SOCIAL
La integración de la medición de la soledad en la planificación institucional, como recomienda la Dirección de Desarrollo Integral del Consejo, es un paso hacia la madurez de la gestión pública dominicana. Al contar con indicadores claros y actualizados, el país puede evaluar el impacto de sus programas y ajustar sus estrategias en tiempo real. La meta para el próximo trienio es ambiciosa, según lo ha fijado la propia institución: reducir los niveles de soledad media y alta mediante una intervención personalizada que contemple las particularidades de género, edad y ubicación geográfica.
República Dominicana, a través del CONAPE, está demostrando que la soledad en la vejez no es un destino inevitable, sino un fenómeno que puede y debe ser gestionado desde la política pública basada en evidencia. La combinación de una herramienta diagnóstica potente como el EDIAM, una escala de medición validada y una red de servicios comunitarios activa, representa un avance clave que fortalece la capacidad del país para responder a este tema. Este camino requiere de un compromiso sostenido con los derechos humanos y la dignidad de las personas mayores, donde envejecer sea sinónimo de seguir participando, aportando y, sobre todo, sintiéndose parte de una comunidad.
Nota publicada en el Boletín 35 «La soledad: estrategias nacionales para su abordaje» del PICSPAM.
