Ilustraciones Boletín 35: Rocío Lana

Por Esteban Franchello y Mariana Rodríguez

La soledad no deseada ha dejado de ser concebida como una experiencia exclusivamente individual para convertirse en uno de los desafíos emergentes de la protección social en Iberoamérica. A partir de las estrategias impulsadas por los países miembros del PICSPAM, los aprendizajes regionales y las nuevas herramientas técnicas desarrolladas en la materia, esta nota explora cómo la construcción de comunidad se consolida como una respuesta clave para promover el bienestar, la participación y el sentido de pertenencia de las personas mayores.

En agosto de 2020, el Programa dedicó su edición N° 21 a un fenómeno que la irrupción de la pandemia colocó en el centro de la escena global: la soledad no deseada. En ese momento, este fenómeno ya comenzaba a ser calificado como “el gran peligro del siglo XXI” o la “epidemia del siglo XXI”; sin embargo, las medidas sanitarias de aislamiento social, preventivo y obligatorio adoptadas ante el Covid-19 por los gobiernos mundiales catalizaron drásticamente esta problemática.

El enfoque de aquella edición estuvo marcado por una doble tensión: el estigma versus la trayectoria vital. Se denunció el viejismo mediático y social que asimilaba metonímicamente la vejez con la tristeza y el abandono. Expertas citadas en la nota central, como Montserrat Celdrán Castro y Lourdes Bermejo, señalaron que la soledad es una emoción presente a lo largo de todo el curso vital (con especial relevancia también en la adolescencia), desarticulando la falacia de que es un patrimonio exclusivo de la vejez.

No obstante, se reconoció que en las personas mayores confluyen factores acumulados (pérdidas vinculares, limitaciones funcionales, problemas de salud) que incrementan su prevalencia e impacto negativo en la salud física y mental. “Vivir solo no es sentirse solo”; por lo tanto, se conceptualizó con fuerza la diferencia entre la soledad objetiva —el aumento real de hogares unipersonales y el vivir sin compañía— y la soledad subjetiva o emocional —el sentimiento angustiante de no tener un vínculo significativo—. Asimismo, citando a especialistas como Javier Yanguas, se remarcó que vivir solo/a puede ser una opción de autonomía y privacidad, y que el verdadero factor de riesgo de exclusión social aparece cuando se combinan la falta de redes de apoyo, la fragilidad de la salud y la escasez de recursos económicos. Es decir, el enfoque interseccional es indispensable para abordar el fenómeno de la soledad.

Dicha mirada resulta especialmente relevante al considerar que la experiencia de la soledad no afecta de igual manera a todas las personas mayores. Más que una realidad uniforme, la soledad adopta múltiples formas y se expresa de manera diferente según las trayectorias vitales, las condiciones sociales y los contextos en que transcurre el envejecimiento. Factores como la discapacidad, las experiencias de exclusión social acumuladas, la pertenencia étnica o racial, las condiciones socioeconómicas, la ruralidad o la diversidad sexual y de género pueden incrementar los riesgos de aislamiento y profundizar las barreras para la participación comunitaria y el acceso a redes de apoyo. Comprender estas desigualdades resulta fundamental para diseñar respuestas capaces de atender la diversidad de situaciones que atraviesan las personas mayores en Iberoamérica.

El eje de la mencionada publicación se sintetizó bajo la mirada conceptual de Tzvetan Todorov sobre la diferencia entre vivir —satisfacer necesidades biológicas— y existir —ser reconocido por otras personas—. En este marco, la perspectiva regional de la Organización Iberoamericana de Seguridad Social (OISS) concluyó en 2020 que, para superar la crisis simbólica y material de la postpandemia y evitar la soledad las sociedades iberoamericanas necesitaban: consolidar lazos comunitarios robustos, apoyarse en instrumentos vinculantes —como la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores  (OEA, 2015) —, y exigir un rol presente de los Estados que garantice el derecho humano fundamental a existir.

En este sentido, los años posteriores a la crisis sociosanitaria han sido testigos de una maduración institucional progresiva en Iberoamérica, donde la problemática de la soledad no deseada dejó de ser tratada como una contingencia aislada para convertirse en uno de los ejes de la agenda pública regional, abordado de manera cada vez más estratégica y sostenida. Lejos de desaparecer con el levantamiento de las restricciones sanitarias, la problemática continuó manifestándose bajo nuevas formas y en distintos grupos poblacionales. La experiencia de la pandemia dejó una enseñanza relevante para la región: la soledad no deseada constituye un fenómeno estructural que trasciende las emergencias coyunturales y requiere respuestas sostenidas en el tiempo. En este escenario, el desafío ya no consiste únicamente en reconocer el problema, sino en desarrollar estrategias capaces de prevenirlo, detectarlo tempranamente y abordarlo desde una perspectiva integral.

Esta evolución no solo se refleja en el diseño de planes gubernamentales a largo plazo, sino también en una decisiva transformación académica: las universidades de la región y los centros de formación profesional han incorporado de forma transversal la temática de la soledad en los planes de estudio de diversas disciplinas —como la psicología, el trabajo social, la arquitectura urbana, el derecho y la medicina—, reconociendo que comprender y mitigar este fenómeno requiere una mirada interdisciplinaria y profesionales sólidamente preparados/as para garantizar los derechos y el bienestar de las personas mayores.

A este esfuerzo se han sumado, de manera decisiva, las organizaciones de la sociedad civil, las cuales han asumido un rol protagónico al transformar la conciencia social en acción comunitaria directa. A través del despliegue de redes de voluntariado, programas de acompañamiento intergeneracional y proyectos de base territorial, estas entidades no solo actúan como un puente vital allí donde las políticas públicas aún están en proceso de consolidación, sino que también impulsan la participación activa de las propias personas mayores, potenciando su voz y protagonismo en la cocreación de entornos más solidarios y amigables.

La soledad como desafío de salud pública y derechos humanos

La perspectiva de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la población mundial está envejeciendo a un ritmo acelerado y que la soledad y el aislamiento social constituyen importantes factores de riesgo para la salud y el bienestar. Con el objetivo de visibilizar la magnitud de esta problemática, la OMS creó la Comisión sobre Conexión Social, orientada a posicionar la vinculación comunitaria como una prioridad sanitaria global. Los datos de este organismo y de diversas investigaciones evidencian que la soledad no deseada actúa como un factor de vulnerabilidad significativo para la salud cognitiva, mental y física. Se encuentra asociada al desarrollo y agravamiento de cuadros de ansiedad, depresión, estrés crónico y deterioro cognitivo, así como a un incremento del riesgo de padecer demencias. Del mismo modo, la desconexión social sostenida puede desencadenar respuestas fisiológicas que elevan la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares, hipertensión, accidentes cerebrovasculares, alteraciones del sueño y otras condiciones de salud.

A nivel regional, el instrumento jurídico más robusto en esta materia es la mencionada Convención Interamericana. Este tratado vinculante subraya la necesidad de garantizar la plena inclusión, integración y participación de las personas mayores en la sociedad. Desde su perspectiva, los entornos que aíslan o marginan a las personas debido a su edad incurren en prácticas de discriminación o edadismo. El aislamiento suele verse agravado por la pérdida de roles sociales, la falta de entornos urbanos accesibles y la ausencia de servicios comunitarios de proximidad, circunstancias que limitan la autonomía y dificultan el desarrollo de proyectos de vida dignos hasta el final de la existencia.

Tanto la OISS como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) coinciden en que la mitigación de la soledad requiere políticas públicas sostenidas bajo un enfoque de corresponsabilidad. A este consenso se incorpora la visión de la Comisión Económica para Europa (CEPE), reforzando la necesidad de que el Estado, la comunidad, las familias y las propias personas mayores compartan la tarea de sostener la inclusión social, la participación comunitaria y la calidad de vida de las personas mayores. Las principales recomendaciones formuladas por estos organismos incluyen:

  • Sistemas Integrales de Cuidados: fortalecer programas domiciliarios y comunitarios que favorezcan la permanencia de las personas en sus entornos habituales (ageing in place), preservando sus vínculos significativos y redes de apoyo.
  • Estrategias de proximidad y participación: promover espacios de encuentro intergeneracional, iniciativas comunitarias, redes locales de detección temprana y mecanismos que faciliten la participación activa de las personas mayores en la vida social.
  • Formación y combate al edadismo/viejismo: desarrollar campañas, protocolos y acciones educativas orientadas a derribar estereotipos negativos sobre la vejez y promover una imagen diversa, representativa y basada en derechos.

Más allá de las particularidades de cada país, estas recomendaciones comparten una premisa central: la soledad no puede abordarse únicamente como una experiencia individual, sino como una cuestión colectiva ligada a la calidad de los vínculos, la fortaleza de las comunidades y la capacidad de los sistemas de protección social para generar oportunidades de encuentro, participación y apoyo mutuo.

Queda claro, entonces, que la soledad en la vejez no constituye un problema privado de quien la experimenta, sino un indicador del tejido social que evidencia tanto las deudas históricas como las brechas actuales en materia de protección social. Garantizar el derecho a una vida conectada, integrada y con apoyos adecuados implica fortalecer aquello que diversos organismos comienzan a definir como bienestar relacional: la posibilidad de sostener vínculos significativos, participar en la comunidad, ejercer la reciprocidad y sentirse reconocido/a como parte activa de ella. En definitiva, se trata de construir sociedades más inclusivas, cohesionadas y humanas.

Estrategias nacionales en los países miembros del PICSPAM

Las estrategias frente a la soledad no deseada comprenden un conjunto de respuestas institucionales, comunitarias y territoriales orientadas a prevenir, detectar y acompañar situaciones de aislamiento y desconexión vincular. Aunque difieren en alcance, diseño y nivel de desarrollo, las experiencias impulsadas por los países miembros del PICSPAM comparten una preocupación común: fortalecer los vínculos sociales, ampliar las oportunidades de participación y generar entornos más inclusivos para las personas mayores.

Al mismo tiempo, estas iniciativas permiten observar un proceso de aprendizaje compartido en Iberoamérica. Si bien no existe una única respuesta frente a la soledad, los países de la región enfrentan desafíos semejantes derivados del envejecimiento demográfico, las transformaciones familiares, las desigualdades sociales y los cambios en las formas de convivencia. En este contexto, la cooperación iberoamericana favorece la circulación de experiencias, conocimientos y herramientas que contribuyen a fortalecer progresivamente las capacidades de respuesta de los Estados, las comunidades y los sistemas de protección social.

A modo de anticipo de las páginas siguientes de esta publicación, se destacan las políticas públicas más relevantes que cada país despliega ante la soledad de las personas mayores:

Rocío Lana

Brasil articula su abordaje mediante un modelo de intervención territorial, intersectorial e interseccional sustentado en programas complementarios que buscan la reconstrucción de los vínculos comunitarios y el fortalecimiento de la autonomía. El diseño operativo se sostiene sobre las iniciativas Envelhecer nos Territórios, Viva Mais Periferia y la coordinación directa entre el Sistema Único de Asistencia Social y el Sistema Único de Salud. Asimismo, la política estatal incorpora el programa Viva Mais Cidadania, con su componente Viva Mais Cidadania Digital, y consolida su marco estratégico bajo el Programa Nacional Ciudades y Comunidades Amigas de las Personas Mayores.

La estrategia nacional de Chile para el tratamiento de la soledad no deseada se sustenta en un marco normativo integral y en el despliegue de programas intersectoriales. El eje jurídico de esta política radica en la Ley Integral de las Personas Mayores (Ley 21.822) y de Promoción del Envejecimiento Digno, Activo y Saludable. Bajo la coordinación del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), el Estado ejecuta las iniciativas Fono Mayor, Comunidades que Cuidan, Condominios de Viviendas Tuteladas, Centros Diurnos y los Talleres de Inclusión Digital. En consonancia con ello, la matriz institucional complementa su acción a través del Programa Vínculos, el Programa Más Adulto Mayor Autovalente (Más AMA) y la planificación estructural a largo plazo del Plan Generación Dorada.

España articula su política de Estado a través del reciente Marco Estratégico Estatal de las Soledades (2026-2030), una guía de protección social coordinada por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 que busca fortalecer los vínculos comunitarios. Esta política sitúa como ejes destacados la transformación de la narrativa pública del fenómeno, el fortalecimiento de los lazos vecinales y la promoción de una cultura del cuidado. A la par de estos ejes, la herramienta prioriza la provisión de apoyos relacionales en momentos de transición vital, el impulso de la innovación tecnológica aplicada y la reforma de la gobernanza para asegurar una respuesta institucional coordinada y sostenida en el tiempo.

Por su parte, México aborda la soledad a través de un Modelo de Cuidado Integral sustentado en la Guía Operativa 52 para Módulos Gerontológicos. El diseño operativo se sostiene sobre la acción de dichos módulos, los Equipos Comunitarios en Salud (ECOS del ISSSTE para el Bienestar) y los Grupos de Ayuda Mutua. De manera complementaria, la estrategia dispone de los servicios de Atención Domiciliaria para la Persona Mayor, el Acompañamiento Telefónico Gerontológico y el diseño de la Red de Antenas. La política estatal también incorpora un componente de Alfabetización Digital y consolida su oferta de participación social mediante las Casas de Día, los servicios de TurISSSTE y los centros de convivencia CONVIVE.

Al respecto, Paraguay configura su abordaje mediante una arquitectura institucional en proceso de fortalecimiento que, ante un envejecimiento demográfico moderado, busca anticipar los desafíos de la soledad a través de la reorientación de sus políticas de seguridad social, salud y protección social. El diseño operativo se sostiene sobre el programa de atención domiciliaria MEDICASA, las actividades grupales del Club Vida Plena y las acciones del programa Vida Saludable y Feliz. El marco estratégico del país también busca articularse bajo el recientemente aprobado Plan de Acción de la Política Nacional de Cuidados 2025-2030, junto con el debate legislativo orientado a la creación de un Sistema Nacional de Cuidados.

República Dominicana trabaja la soledad a partir de un modelo de gestión pública que combina la medición diagnóstica con la intervención territorial. El soporte metodológico de esta política se fundamenta en la incorporación de la Escala de Soledad Social (ESTE II) dentro del Expediente de Desarrollo Integral del Adulto Mayor (EDIAM), un sistema que permite el seguimiento longitudinal de las personas usuarias. El diseño operativo se sostiene sobre la red de Hogares de Día y un componente de alfabetización digital orientado a reducir la brecha tecnológica. El marco político e institucional proyecta su escalabilidad bajo el proyecto de ley aprobado en primera lectura que crea el Sistema Nacional de Cuidados.

Finalmente, Uruguay articula su estrategia nacional mediante un modelo de intervención intersectorial. El diseño operativo en el territorio se sostiene sobre los Encuentros Nacionales y Regionales y la labor de la Red Nacional de Organizaciones de Personas Mayores (Redam). En paralelo, la matriz institucional dispone del Programa Ibirapitá para el desarrollo de competencias técnico-sociales en entornos virtuales. Por otra parte, las acciones de protección social y autonomía se ejecutan en consonancia con el Plan Nacional de Cuidados 2026-2030 a través del Sistema Nacional Integrado de Cuidados, que gestiona los programas de Centros de Día y el Programa de Asistentes Personales.

Más allá de sus diferencias institucionales y territoriales, las experiencias relevadas permiten identificar algunos denominadores comunes. La mayoría de las iniciativas combinan acciones de proximidad, fortalecimiento de redes comunitarias, promoción de la participación social, apoyos para la autonomía e inclusión digital. Aunque presentan distintos grados de desarrollo, estas respuestas reflejan una comprensión cada vez más extendida de la soledad como un desafío que requiere intervenciones integrales, sostenidas y con articulación intersectorial.

A la par de estos marcos nacionales, el panorama se enriquece con iniciativas surgidas en el ámbito subnacional, tal como ocurrió en España y sucede hoy en Argentina a través de sus administraciones locales. La ciudad de Córdoba incorporó la problemática a la agenda pública mediante la creación de su propio Observatorio Municipal de Soledad No Deseada y la realización del Primer Congreso Argentino sobre Soledad No Deseada a mediados de mayo de 2026. Este encuentro técnico reunió a delegaciones de diversas provincias para intercambiar las primeras evidencias locales e impulsar una agenda pública nacional frente a la desconexión vincular.

A partir de la diversidad de contextos y de las particularidades de cada respuesta, el conjunto de estas experiencias permite identificar un proceso de aprendizaje compartido en Iberoamérica. La creciente incorporación de la soledad en las agendas públicas evidencia que los países no solo están construyendo respuestas propias, sino también acumulando conocimientos, herramientas y enfoques que fortalecen la cooperación regional frente a un desafío común.

Soledades, edadismo y construcción de comunidad

El estudio elaborado por la OISS y la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), en el marco del PICSPAM, profundiza la conceptualización de la soledad no deseada como un problema estructural de salud pública y derechos humanos que afecta el bienestar subjetivo, la salud física y la participación social de las personas mayores. A través de una metodología mixta que incluyó la revisión de políticas, encuestas y grupos focales en los países miembros del Programa, el documento advierte cómo factores tales como la viudez, la jubilación, la pérdida de redes de apoyo y las barreras del entorno físico y digital exponen de manera diferencial a la población mayor a situaciones de vulnerabilidad, aislamiento y exclusión.

Rocío Lana

La investigación enfatiza, además, la necesidad de diseñar e implementar políticas públicas con un enfoque interdisciplinario e interseccional que destinen recursos humanos y presupuestarios específicos, promoviendo desde la alfabetización digital y el fortalecimiento de redes comunitarias hasta la prescripción sociosanitaria. De este modo, el informe se constituye como un insumo técnico clave para las instituciones responsables de la protección social, orientado a derribar estereotipos edadistas y asegurar envejecimientos y vejeces dignas, con participación activa y calidad de vida en toda la comunidad iberoamericana.

Más allá de la identificación de factores de riesgo, este análisis propone una mirada orientada a las respuestas. En consonancia con las tendencias internacionales más recientes, plantea que la prevención y el abordaje de la soledad requieren intervenciones sostenidas capaces de fortalecer la participación social, las redes de apoyo comunitario y las oportunidades de encuentro significativas para las personas mayores. Desde esta perspectiva, la calidad de los vínculos deja de ser una cuestión exclusivamente privada para convertirse en un componente central de las políticas de protección social, salud y cuidados.

Al respecto, cabe destacar que el PICSPAM se encuentra en proceso de publicación de un Protocolo Iberoamericano para eliminar el Edadismo que muy pronto será difundido a través de su sitio web y redes sociales. Este nuevo instrumento técnico, centrado en la deconstrucción de los estereotipos y prejuicios asociados a la edad, complementa de manera directa el abordaje de la soledad no deseada. Al combatir la discriminación por edad y promover una imagen positiva, diversa y basada en derechos de la vejez, el protocolo busca derribar barreras culturales que limitan la participación social de las personas mayores y debilitan sus oportunidades de vinculación comunitaria.

Tanto el estudio regional sobre la soledad no deseada como el próximo lanzamiento del protocolo contra el edadismo reflejan el compromiso continuo del PICSPAM por generar herramientas colectivas y estratégicas. Estas iniciativas no solo visibilizan los desafíos estructurales del envejecimiento en Iberoamérica, sino que contribuyen a consolidar una hoja de ruta compartida para que los Estados miembros fortalezcan sus capacidades de respuesta, intercambien aprendizajes y desarrollen políticas cada vez más integrales, inclusivas y sostenibles.

En este sentido, la cooperación iberoamericana constituye mucho más que un espacio de intercambio técnico. También representa una oportunidad para construir una resiliencia regional basada en el aprendizaje mutuo, la adaptación a contextos diversos y la generación colectiva de respuestas frente a desafíos compartidos. La soledad no deseada interpela a los sistemas de protección social, pero también a las comunidades, a las instituciones y a las formas en que se organizan los vínculos en las sociedades contemporáneas. Por ello, las respuestas más efectivas son aquellas capaces de articular políticas públicas, iniciativas comunitarias y participación ciudadana en una misma estrategia de inclusión.

La edición 35 del boletín se publica en el marco del 15 de Junio, Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Esta conmemoración se enlaza de forma orgánica tanto con el eje temático de la presente publicación como con el espíritu del Tercer Congreso Internacional de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores, un escenario clave donde el PICSPAM mantendrá una participación activa.

Este relevante encuentro de escala global se llevará a cabo en España los días 16, 17 y 18 de junio de 2026. El evento cuenta con el patrocinio de la OMS y es organizado por el Instituto de Mayores y Servicios Sociales (IMSERSO), con el respaldo del Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián. La cita reunirá a representantes de más de 1.700 ciudades y comunidades de sesenta países para abordar desafíos críticos como la conexión social, la inclusión digital, la equidad y la sostenibilidad, en consonancia con la Década del Envejecimiento Saludable de las Naciones Unidas.

La convergencia entre estas agendas no es casual. La promoción del buen trato, la lucha contra el edadismo, el fortalecimiento de las redes comunitarias y la prevención de la soledad forman parte de un mismo horizonte de acción orientado a garantizar el ejercicio pleno de los derechos humanos de las personas mayores. En todos los casos, el desafío consiste en construir entornos donde las personas puedan participar, decidir, vincularse y desarrollar sus proyectos de vida en condiciones de igualdad y dignidad.

Esta articulación de espacios, aprendizajes y voluntades encuentra su máxima síntesis en el lema que el PICSPAM propone para este año: «Promovamos estrategias y entornos para transformar la vida de las personas mayores en Iberoamérica: menos soledad, más comunidad». Lejos de constituir una mera consigna, representa una invitación a fortalecer la capacidad de nuestras sociedades para cuidar, incluir y reconocer a quienes envejecen. En definitiva, se trata de consolidar un compromiso colectivo que permita transformar la preocupación por la soledad en estrategias sostenidas de encuentro, participación y pertenencia, haciendo de la comunidad un componente esencial de la protección social, el ejercicio efectivo de los derechos humanos y la construcción de vejeces dignas, participativas y con sentido de pertenencia. 

 * Nota publicada en el Boletín 35, «La soledad: estrategias nacionales para su abordaje» del PICSPAM.