La ministra de Derechos Humanos y Ciudadanía, Macaé Evaristo, junto al secretario nacional Alexandre da Silva, en la ceremonia de afiliación del Gobierno de Brasil a la Red Global de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores de la OMS, celebrada en la sede de la Organización Panamericana de la Salud en Brasilia.  | Fuente: Clarice Castro/MDHC

Brasil enfrenta el desafío del envejecimiento demográfico desde una perspectiva que reconoce a la soledad no deseada como un fenómeno social complejo y multidimensional, atravesado por desigualdades estructurales desde un enfoque interseccional. A través del Ministerio de Derechos Humanos y de la Ciudadanía (MDHC) y de la Secretaría Nacional de los Derechos de la Persona Mayor (SNDPI), el país ha consolidado una estrategia intersectorial orientada a fortalecer las redes de apoyo, promover la convivencia comunitaria y garantizar el derecho de las personas mayores a envejecer con autonomía, participación y dignidad.

En consonancia con el eje de la edición 35 del Boletín del PICSPAM, centrada en las estrategias nacionales para el abordaje de la soledad en las personas mayores, Brasil presenta una serie de políticas y programas que buscan enfrentar este fenómeno desde una perspectiva territorial, comunitaria e intersectorial. Este abordaje supera las interpretaciones individualizantes o exclusivamente biomédicas, comprendiendo la soledad como un fenómeno atravesado por factores sociales, económicos, territoriales, raciales, de género y generacionales.

Según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) y las proyecciones demográficas más recientes, Brasil cuenta con 34.163.449 personas de 60 años y más, lo que representa el 16,1% de la población total. La esperanza de vida al nacer alcanza los 76,02 años, con una diferencia de 6,20 años a favor de las mujeres, quienes viven en promedio hasta los 79,14 años frente a los 72,95 años de los varones. Actualmente, las mujeres representan el 55% del total de personas mayores del país.

A este escenario se suma una transformación significativa en la composición de los hogares. Datos recientes de la Pesquisa Nacional por Amostra de Domicílios Contínua (PNAD Contínua) muestran un crecimiento sostenido de los hogares unipersonales, que ya representan cerca del 20% del total y aumentaron más de un 100% en poco más de una década. Entre las mujeres que viven solas, más de la mitad tiene 60 años o más. Si bien vivir solo/a no implica necesariamente situaciones de soledad, sufrimiento o aislamiento, este fenómeno introduce nuevos desafíos para las políticas de cuidados y evidencia la necesidad de fortalecer estrategias de acompañamiento, participación comunitaria y prevención del aislamiento social basadas en la escucha de las propias personas mayores.

Las proyecciones demográficas refuerzan la magnitud de este proceso. Hacia el año 2100, el 39,9% de la población brasileña tendrá 60 años o más y el grupo de personas de 80 años y más pasará de representar el 12% al 37% del total de personas mayores. En términos absolutos, este segmento crecerá desde poco más de 4 millones de personas registradas en 2024 hasta cerca de 24 millones hacia finales de siglo. Este escenario no solo implica mayores demandas de cuidado y protección social, sino también la necesidad de construir respuestas sostenidas frente a situaciones de soledad, fragilidad de vínculos y aislamiento.

ESTE ESCENARIO NO SOLO IMPLICA MAYORES DEMANDAS DE CUIDADO Y PROTECCIÓN SOCIAL, SINO TAMBIÉN LA NECESIDAD DE CONSTRUIR RESPUESTAS SOSTENIDAS FRENTE A SITUACIONES DE SOLEDAD, FRAGILIDAD DE VÍNCULOS Y AISLAMIENTO.

El secretario nacional de los Derechos de la Persona Mayor, Alexandre da Silva, durante su intervención en el Encuentro de Formación para coordinadores y líderes del Programa Viva Más Ciudadanía, realizado en el Edificio Multibrasil, Brasilia, en marzo de 2026.  | Fuente: Clarice Castro/MDHC
La soledad como fenómeno multidimensional y desafío público

En Brasil, la soledad en la vejez es comprendida desde un enfoque que diferencia el aislamiento social objetivo de la experiencia subjetiva de la soledad. Esta distinción, retomada en el estudio regional “La Soledad en las Personas Mayores” impulsado por la OISS, la SEGIB y el PICSPAM, resulta central para el diseño de políticas públicas más precisas y efectivas.

Desde la perspectiva trabajada por el MDHC y la SNDPI, el aislamiento refiere a la escasez de interacciones sociales o redes de convivencia, mientras que la soledad expresa una percepción subjetiva de insuficiencia, fragilidad o pérdida de vínculos significativos. Alexandre da Silva, Secretario Nacional de los Derechos de la Persona Mayor y uno de los expertos entrevistados en el estudio regional, subraya además la importancia de diferenciar la soledad no deseada de la “solitud”, entendida como una experiencia elegida y asociada al bienestar personal. Esta diferenciación permite evitar miradas homogéneas sobre la vejez y comprender que no toda experiencia de vivir solo implica necesariamente aislamiento o sufrimiento.

NO TODA EXPERIENCIA DE VIVIR SOLO IMPLICA NECESARIAMENTE AISLAMIENTO O SUFRIMIENTO.

El enfoque brasileño reconoce que la soledad se encuentra profundamente atravesada por las desigualdades sociales, económicas, territoriales, raciales y de género. Factores como la jubilación, la pérdida de vínculos familiares, las limitaciones de movilidad, la precarización de las redes comunitarias o las barreras de acceso a servicios públicos pueden intensificar situaciones de aislamiento y vulnerabilidad. Asimismo, las desigualdades acumuladas a lo largo del curso de vida impactan de manera diferenciada en la experiencia del envejecimiento.

En este sentido, la dimensión interseccional ocupa un lugar central en las estrategias impulsadas por el Estado brasileño. La SNDPI advierte que la fragilización de vínculos afecta de manera desproporcionada a grupos poblacionales históricamente vulnerabilizados. Marcadores sociales como la raza/etnia, el género, la discapacidad, la orientación sexual, la identidad de género, la condición socioeconómica y la pertenencia territorial repercuten directamente en las posibilidades de participación social. Esta realidad es especialmente intensa para personas mayores negras, indígenas, quilombolas, LGBTQIAPN+, personas con discapacidad, personas en situación de calle y residentes en territorios periféricos, rurales o comunidades tradicionales, quienes enfrentan procesos de exclusión digital e invisibilización institucional. Esta comprensión amplia permite abordar la soledad como un desafío vinculado a la garantía de derechos, la justicia social y el fortalecimiento comunitario.

La profesora indígena Ana Cristina de Souza Vargas (etnia Guaraní) comparte su experiencia territorial durante el Encuentro de Formación del Programa Viva Más Ciudadanía, destacando la importancia de la inclusión digital para las comunidades originarias.  | Fuente: Clarice Castro/MDHC
Estrategias territoriales y comunitarias: reconstrucción de vínculos y redes de apoyo

A partir de este diagnóstico, Brasil ha fortalecido políticas públicas orientadas a la reconstrucción de vínculos sociales y comunitarios. Una de las principales iniciativas es el programa Envelhecer nos Territórios (“Envejecer en los Territorios”), instituido por la Resolución Ministerial Nº 561/2023 del MDHC. La estrategia propone una actuación territorializada basada en la identificación de situaciones de vulnerabilidad, el fortalecimiento de redes locales de apoyo y la promoción de la participación comunitaria de las personas mayores.

El programa se desarrolla a través de agentes de derechos humanos y actores comunitarios formados específicamente para actuar en los territorios, identificar situaciones de aislamiento y articular respuestas junto con los servicios públicos y las redes locales. Las visitas domiciliarias, la escucha activa y la construcción de vínculos de proximidad son herramientas fundamentales para visibilizar situaciones que muchas veces permanecen ocultas para las políticas tradicionales. En este contexto, cobra relevancia el papel de la educación popular y la acción comunitaria en la identificación temprana de vulnerabilidades relacionales. Según datos difundidos por el MDHC, la estrategia ya alcanza a más de 100 mil personas mayores en distintos municipios brasileños y prevé ampliar su cobertura mediante el fortalecimiento de redes locales de apoyo y acompañamiento comunitario.

LAS VISITAS DOMICILIARIAS, LA ESCUCHA ACTIVA Y LA CONSTRUCCIÓN DE VÍNCULOS DE PROXIMIDAD SON HERRAMIENTAS FUNDAMENTALES PARA VISIBILIZAR SITUACIONES QUE MUCHAS VECES PERMANECEN OCULTAS PARA LAS POLÍTICAS TRADICIONALES.

La estrategia también promueve espacios colectivos de convivencia, intercambio y participación, mediante encuentros comunitarios, actividades culturales, acciones educativas y ruedas de conversación que buscan fortalecer el sentido de pertenencia y reconstruir lazos sociales. Desde esta perspectiva, la prevención de la soledad no deseada se vincula directamente con la ampliación de la participación social y el derecho de las personas mayores a seguir formando parte activa de la vida comunitaria.

El abordaje territorial impulsado por Brasil reconoce además las profundas desigualdades regionales y urbanas presentes en el país. Las periferias urbanas, los territorios rurales, las comunidades tradicionales y las regiones con menor cobertura de servicios públicos presentan desafíos específicos para las políticas de cuidados y acompañamiento. Por ello, la estrategia busca fortalecer respuestas adaptadas a las distintas realidades territoriales, evitando modelos homogéneos de intervención.

Complementariamente, el MDHC, a través de la SNDPI, impulsa el proyecto Viva Mais Periferia (“Vivir Más Periferia”), orientado a personas mayores encamadas o domiciliadas residentes en territorios periféricos. La iniciativa articula convocatorias públicas con organizaciones de la sociedad civil para la entrega de equipamientos de apoyo asistencial —como sillas de ruedas, andadores y otros recursos de apoyo funcional—, buscando mejorar las condiciones de cuidado, autonomía y permanencia en el entorno comunitario. Además de responder a necesidades materiales concretas, esta estrategia contribuye a fortalecer las redes locales de atención y reducir situaciones de aislamiento extremo en contextos de mayor vulnerabilidad social.

La articulación intersectorial entre el Sistema Único de Asistencia Social (SUAS) y el Sistema Único de Salud (SUS) constituye otro de los pilares de esta estrategia integral en el país. Mientras que en los Centros de Referencia de Asistencia Social (CRAS), los Servicios de Convivencia y Fortalecimiento de Vínculos desarrollan actividades colectivas para promover la participación y prevenir el aislamiento; en el ámbito del SUS, la red de Atención Primaria (APS) y los equipos de Agentes Comunitarios de Salud desempeñan un rol estratégico en la detección temprana de situaciones de fragilidad relacional y sufrimiento psíquico asociado a la soledad. Esta actuación coordinada permite identificar precozmente situaciones de vulnerabilidad y fortalecer la autonomía de las personas mayores en sus territorios de vida.

Thereza Cristina, líder y representante de las personas mayores en situación de calle, participa en los debates del Encuentro de Formación en Brasilia, reivindicando la garantía de derechos y la visibilidad para los colectivos más vulnerables.  | Fuente: Clarice Castro/MDHC
Inclusión, ciudadanía y entornos amigables con las personas mayores

Otra de las líneas estratégicas impulsadas por la SNDPI es el programa Viva Mais Cidadania (“Vivir Más Ciudadanía”), creado mediante la Ministerial Nº 627/2023. Esta iniciativa constituye una estrategia relevante para el enfrentamiento de la soledad, ya que promueve la formación en derechos humanos, estimula la participación social y fortalece los espacios de convivencia comunitaria, contribuyendo al ejercicio pleno de la ciudadanía.

Entre sus acciones se destaca Viva Mais Cidadania Digital (“Vivir Más Ciudadanía Digital”), orientada a promover la alfabetización digital y el acceso seguro a las tecnologías de la información y comunicación. El programa parte de la comprensión de que la exclusión digital puede profundizar situaciones de aislamiento social y limitar la participación comunitaria de las personas mayores, especialmente en contextos de movilidad reducida o distancias territoriales extensas.

LA EXCLUSIÓN DIGITAL PUEDE PROFUNDIZAR SITUACIONES DE AISLAMIENTO SOCIAL Y LIMITAR LA PARTICIPACIÓN COMUNITARIA DE LAS PERSONAS MAYORES.

La iniciativa busca fortalecer capacidades para el uso de herramientas digitales, facilitar la comunicación con redes afectivas y promover un acceso más amplio a servicios, información y espacios de participación. Asimismo, incorpora una dimensión preventiva frente a violencias y riesgos en entornos digitales, promoviendo un uso consciente y seguro de las tecnologías.

En paralelo, Brasil avanzó recientemente en la creación del Programa Nacional “Ciudades y Comunidades Amigas de las Personas Mayores”, instituido mediante la Resolución Nº 399, de marzo de 2026, en articulación con la Red Global de Ciudades y Comunidades Amigables con las Personas Mayores de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta política busca promover entornos más accesibles, inclusivos y participativos, fortaleciendo la autonomía y la integración comunitaria de las personas mayores en los distintos territorios del país.

La iniciativa incorpora dimensiones vinculadas a la accesibilidad urbana, la participación social, la inclusión digital, el acceso a cuidados, la prevención de violencias y el reconocimiento de la diversidad cultural y territorial del envejecimiento brasileño. Su implementación se articula con las experiencias ya desarrolladas en programas como Envelhecer nos Territórios y Viva Mais Cidadania, consolidando una estrategia nacional orientada a fortalecer redes de convivencia y garantizar el derecho a envejecer en comunidad.

En este marco, Brasil reafirma una perspectiva que comprende la soledad no deseada no como una consecuencia inevitable del envejecimiento, sino como un fenómeno social que puede ser prevenido y abordado mediante políticas públicas integrales, territoriales y basadas en derechos humanos. El fortalecimiento de vínculos, la participación comunitaria y la construcción de entornos inclusivos aparecen así como dimensiones centrales para garantizar un envejecimiento digno, activo y acompañado. Este compromiso se proyecta hacia la cooperación iberoamericana como un modelo de justicia social y territorial para toda la región.

Nota publicada en el Boletín 35 «La soledad: estrategias nacionales para su abordaje» del PICSPAM.